Tenía 11 años cuando con mi familia, mi mamá, papá y hermanos, decidimos viajar a El Salvador, específicamente a San Miguel. El viaje se decidió hacer en avión. Una vez que teníamos todo listo, nos fuimos al aeropuerto. Yo, como un niño, estaba emocionado pero también nervioso.
Cuando finalmente llegamos, tuvimos que tomar otro vuelo a San Miguel. Al llegar, nos enteramos de que San Miguel era una ciudad muy conocida tanto por sus carnavales como por sus grandes y hermosos edificios. Dada su gran extensión, era obvio que iba a ser un viaje curioso.
Recorriendo la ciudad, conocí a un chico local que se llamaba Miguel, quien conocía bien la ciudad y podía ayudarme a buscar un tesoro que tenía 500 años de historia, lo que lo hacía muy valioso. Sin embargo, no sabíamos que encontrarlo podría ser tan difícil.
Después de un rato, nos encontramos con un pajarito que Miguel dijo que quería que siguiéramos. Al seguirlo, nos llevó al patio de un edificio antiguo que tenía un patio muy grande. Buscando por el patio, había un mapa con una marca que indicaba hacia una parte del patio, que parecía sugerir que continuáramos.
Cuando terminamos, por sorpresa había un cofre gigante. Con mi amigo, nos emocionamos mucho al descubrir dicho cofre, pero estaba cerrado con un candado bastante raro y antiguo. Nos dimos cuenta de que el collar en forma de llave que tenía Miguel podría ser la clave. Probamos abrirlo y, con mucha suerte y fuerza, pudimos abrirlo.
Lo más emocionante fue ver que ese cofre, que tanto buscábamos, contenía muchas cadenas de oro con diamantes, relojes antiguos y decorativos, anillos con gemas lindas y exóticas. Fue tan increíble ver eso que no dudamos en llevarlo al hotel donde estaba mi familia. Al ver el tesoro, lloraron de emoción al saber que con lo que podría valer, seríamos multimillonarios.
A la semana, ya se corrió el rumor de que dos niños (Miguel y yo) habíamos encontrado el tesoro que era un mito. Tanta era la fama del mito del tesoro que toda la gente de la ciudad fue al hotel donde estábamos para verlo. Nosotros hablamos con el presidente de El Salvador, quien nos invitó a su casa para hablar con él.
Al hablar con él, nos preguntó si queríamos venderlo porque era muy importante y valioso tenerlo, ya que era una responsabilidad tenerlo. Al final, con mi familia decidimos dárselo a cambio de una gran suma de dinero. Así fue como encontré un tesoro tan valioso que se lo tuvimos que vender al presidente y nos volvimos multimillonarios.
Bautista Ojeda - 2do B

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