Un viaje inolvidable en el que fui con amigos. Agarré mis cosas y me despedí de mi familia. En la noche fría, me subí al avión y despegamos. El viaje fue largo, aproximadamente unas diez horas, así que, como era de noche, aprovechamos para dormir hasta que llegara la mañana siguiente. Al bajar del avión, nos subieron a una micro y, emocionados, bajamos en un hotel cercano a la enorme iglesia, ubicada en la Ciudad de La Antigua Guatemala.
El hotel no era la gran cosa; era pequeño y tenía muy pocos pisos de alto. No se hospedaba mucha gente, pero era lo que nuestros bolsillos nos podían brindar. Las habitaciones eran extrañas y había muchas estatuas de vírgenes en casi todas las esquinas. El ambiente era pesado y me llamó mucho la atención el cuadro de una mujer sonriente al fondo del pasillo. No le prestamos atención.
En la primera noche que pasamos, dormimos todas mis amigas en la misma habitación. La ventana no cerraba bien, así que se podía escuchar cómo se azotaba a medianoche. Se escuchaba el llanto desgarrador de una mujer a lo lejos y, en la madrugada, se oían golpes. Tratamos de no prestarle mucha atención y disfrutar el momento de estar en Guatemala, pero era inevitable; pasamos la noche aterrorizadas y dormimos muy mal.
A la mañana siguiente hicimos como si no hubiera pasado nada. La pasamos bien y, al caer las 7:00 p.m., fuimos a la excursión planeada hacia la iglesia.
Entramos todos muy emocionados; el lugar era enorme y había mucha gente, demasiada. Me sentí agobiada y le pedí a mi amiga que me acompañara a alejarme de la multitud, lo cual aceptó. Nos fuimos a un pasillo escondido de todo; era muy raro ya que no figuraba en las fotos del lugar ni había un mapa para guiarnos, como si lo quisieran ocultar. Nos pareció extraño, pero la curiosidad nos ganó y comenzamos a investigar el lugar. Había muchas cosas raras: cruces colgadas boca abajo, vírgenes, Jesús crucificado, etc.
Entramos a una habitación oscura; parecía una cárcel y al fondo se podía escuchar un sollozo que, conforme íbamos avanzando más y más, se convertía en un llanto desgarrador: el mismo que habíamos escuchado la noche anterior. A pesar del miedo mortal que teníamos, decidimos ver qué era. Al fondo se miraba la silueta de una mujer sentada en el piso llorando. Nos preocupamos y corrimos a ayudarla cuando nos percatamos de que esa mujer no era normal.
Su pelo era larguísimo y de color negro, mientras que su piel era tan pálida como la porcelana; parecía desnutrida. Todos sus huesos podían verse bajo su piel translúcida. Sin mencionar que sus uñas amarillas eran extremadamente largas. Apenas nos dimos cuenta de su presencia, su llanto paró y lentamente se puso de pie mostrando que medía más de dos metros.
Corrimos desesperadas sin mirar atrás; esa cosa se detuvo frente a una cruz gigantesca. Nosotras aprovechamos para escapar y volver con el grupo. No hablamos del tema; estábamos aterrorizadas. Logramos volver a tiempo; la excursión terminó y los días restantes pasaron rápidamente hasta que volví con mi familia. Un viaje inolvidable que me dejó muy confundida con demasiadas dudas sin respuestas. No volvería a ir.
Sabrina Rodriguez - 2do B

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