Un día, cuando era chiquita, fui con mi mamá y mis hermanos a la playa de Jacó. Al poco tiempo de llegar, fuimos con mi hermana a una parte que tenía arena para jugar con la pelota. Estuvimos un rato jugando tranquilamente, hasta que a mi hermana le dio sed y fue a tomar agua. Yo me quedé sola, ya que mi hermana se fue con mi mamá, y me puse a jugar con la pelota mientras volvía. En un momento, pateé muy fuerte, así que tuve que ir a buscarla.
Cuando ya casi la alcanzaba, pateé sin querer hacia atrás, lo cual me hizo seguir persiguiendo la pelota. Cuando logré agarrarla, me di vuelta y no sabía dónde estaba, ya que me fui muy lejos de donde estaba. Como la playa estaba muy llena, me perdí.
Intentando volver, me acerqué a una señora que estaba con sus amigas. Les conté que no sabía dónde estaba, y empezaron a aplaudir para llamar la atención de las personas y poder encontrar a mi mamá. Como pasaron varios minutos y mi mamá no llegaba, una señora me tomó en brazos para que me puedan ver. Mi mamá se acercó y me llevó con ella. Me dijo que no me alejara más de ella y que, si me tenía que ir lejos, me llevara mi hermana, ya que me da miedo estar en lugares con mucha gente.
Camila González - 2do A
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