Un encuentro inesperado en la playa de El Zonte

Un día muy caluroso y soleado, al fin pude llegar a El Zonte, un pueblo chiquito y muy tranquilo ubicado en El Salvador. El departamento que fue alquilado por mis padres justo quedaba en el centro del pueblito y a dos cuadras del mar. Sin duda, sabía que tenía mucho por explorar, pero de a poco. Cuando entré al departamento con las cosas, vi que era muy chiquito pero cómodo para cuatro personas. Pusimos las cosas que habíamos traído desde Rosario. Terminamos de acomodar y todos nos pusimos de acuerdo para ir a la playa. Mi familia iba preparando la comida y las cosas que íbamos a llevar mientras yo me alistaba. Me había puesto mi remera favorita y un short de baño. Ya listos, fuimos caminando a la playa. Mientras íbamos, yo veía algunas tiendas que vendían cosas muy lindas como cuarzos y un corazón hecho de caracoles de mar. Al final llegamos a la playa. Había mucha gente y mucho viento, pero con una tranquilidad hermosa. No teníamos esperanza de encontrar un lugar con tanta gente, pero llegamos a encontrar uno. Pusimos las cosas que trajimos y la sombrilla, que casi sale volando, por lo que la tuvimos que sacar. Terminamos de poner las cosas y nos sacamos la ropa que teníamos puesta. Yo terminé rápido porque solo tenía una remera. La puse en la mochila y me fui corriendo para no perderme las olas grandes. Me metí y el agua era muy fría y estaba llena de gente, por lo que tenía que tener mucho cuidado para que no me llegaran a golpear. Vino una ola grande y justo estaba al frente de un grupo de personas, por lo que ya me esperaba lo que iba a venir. Mientras estaba adentro del agua y las olas me llevaban a la orilla de la playa, sentí que me choqué con una persona. Saqué la cabeza del agua y vi a una chica acercándose.


—Desculpe, eu não queria bater em você (Perdona, no era mi intención golpearte).


—¿Qué? —dijo Malvina.


—Ah, perdón, me olvidé que no estoy en Brasil, jaja. Me llamo Adriana, ¿y vos? —respondió Adriana.


—Aaa, ya se me hacía raro, jaja. Me llamo Malvina, un gusto en conocerte. ¿Cómo es Brasil? —preguntó Malvina.


—Uuuf, no sabes —respondió Adriana.


Mientras Adriana me contaba cómo eran las playas de Brasil y la gente, yo la andaba analizando. Era una chica delgadita, con unos ojos marrones bien claros y un pelo largo con trenzas de caracoles. Era una chica linda. Mientras ella me hablaba, justo me habían llamado para comer. Me despedí de Adriana y le dije que después nos encontráramos en el mismo lugar. Por suerte no tuve que caminar mucho porque me estaba muriendo de frío. Fui corriendo a donde estaba la mochila para ponerme la remera porque me moría de frío. Abrí la mochila y vi que no estaba la remera. No había reaccionado porque había pensado que estaba mezclada con las demás ropas. Empecé a buscar bien y no la veía. Busqué de vuelta y nada. Mientras más buscaba, más me desesperaba, hasta que comprendí que ya no estaba, pero presentía que muy lejos no podía estar. Le pregunté a mi mamá si la había visto y me dijo que no. Le pregunté a un grupo de familias que estaban al lado, me miraron raro y me dijeron que no. Yo ya había perdido la fe de poder encontrar la remera hasta que me acordé que los salvavidas tenían una cabina donde guardaban las cosas perdidas de la gente. Yendo a la cabina más cercana, me encontré a Adriana y me dijo:


—¡Malvi! ¿Vos llegaste a ver una corona de flores tirada por ahí? —preguntó Adriana.


—No, Adriana, no llegué a ver ninguna. ¿Por? —respondió Malvina.


—Porque la había dejado dentro de una cartera, no la encontré. Estoy muy desesperada porque esa corona la usaba mi abuela cuando tenía mi edad, por lo que significa mucho para mí —dijo Adriana.


—Uhh, qué garrón, Adriana. Yo también perdí algo que me gustaba mucho —dijo Malvina.


Le conté a Adriana sobre la remera y de paso le conté sobre las cabinas, por lo que decidimos ir a buscar juntas nuestras cosas perdidas. Fuimos a la primera cabina que teníamos cerca y le preguntamos al salvavidas:


—Hola, buenas tardes. Nosotras estamos buscando una remera negra con una carita feliz y una corona de flores. ¿Puede ser que las tengas? - Malvina


- Hola chicas, ahora me fijo si llego a tener esas cosas - salvavidas.


Mientras el salvavidas iba buscando, Adriana le preguntaba a la gente que pasaba si habían visto esas cosas. El salvavidas sale de la cabina y nos dice:


- No, chicas, yo no tengo eso, pero posiblemente la cabina que está a su derecha las tenga, ya que me contaba en el walkie talkie que tenía muchas cosas perdidas - salvavidas.


Adriana y yo miramos hacia nuestra derecha y vimos lo mucho que teníamos que caminar, por lo que suspiramos al mismo tiempo. Le digo al salvavidas con una voz cansada pero feliz:


- Dale, ahora nos fijamos, muchas gracias - Malvina.


Adriana y yo íbamos hacia esa cabina, pero caminábamos muy lento porque estábamos muy cansadas. Adriana estaba muy preocupada, yo muerta de frío. Mientras caminábamos, vimos un grupo de personas rodeando algo y sacándole fotos. Adriana y yo nos acercamos y vimos una foca con la corona de flores de Adriana puesta en su cabeza, usando mi remera como nido para tapar a sus bebés. Adriana y yo nos quedamos con los ojos cuadrados de ver semejante rareza, por lo que nos dimos la vuelta y caminamos, pero caminando muy duro y con la cara de impactadas.




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