El dos de septiembre, mis amigas y yo planeamos ir al extranjero para conocer nuevas culturas. El país al que acordamos ir fue Costa Rica. Luego de eso, hablamos con nuestros padres y obtuvimos su permiso.
Llegó el día del viaje, el doce de septiembre, y todas estábamos muy entusiasmadas por aprender nuevas cosas. Nos levantamos muy temprano, demasiado temprano. Subimos al avión, y el vuelo duró aproximadamente nueve horas y cuarenta y cinco minutos. Un taxi nos llevó al hotel de cuatro estrellas en el que nos hospedamos.
Después de registrarnos, salimos a caminar para conocer Costa Rica. Llegamos a una selva donde había una hermosa cascada. El lugar estaba lleno de árboles encantadores y algunas flores fantásticas. Kira, Lucila y yo estábamos fascinadas por la bella vista que nos brindaba la divina naturaleza.
En un momento, mientras caminábamos tranquilamente, Kira nos sorprendió a Lucila y a mí al mencionar lo mucho que le gustaría nadar en el agua y tomarse una foto en la cascada. Lucila y yo no estábamos de acuerdo y le dijimos que no era buena idea. Sin embargo, ella hizo caso omiso a nuestro consejo. Se tiró al agua y, de repente, se escuchó un grito. Corrimos a buscarla, y con dificultad la sacamos del agua. Nos dimos cuenta de que se había roto el brazo izquierdo. Se había golpeado contra una piedra de la cascada, lo que le había causado la fractura.
Buscamos un médico, pero no logramos encontrar uno disponible. Una turista que estaba paseando vio la situación y se ofreció a ayudar. Comenzó a envolver su brazo, y al terminar, Kira le agradeció. Después, comenzamos a caminar juntas.
Durante toda la caminata, Kira se quejaba constantemente, y nosotras le recordamos que fue por no hacer caso. La turista nos contó muchas cosas sobre Costa Rica que ni siquiera sabíamos. Nos enseñó que las mujeres allí suelen vestir blusas blancas y faldas largas, acompañadas de trenzas adornadas con flores moradas. Intercambiamos números de teléfono y nos despedimos de ella.
Luego de conocer Costa Rica, debíamos regresar a casa. Fuimos al aeropuerto, subimos al avión y el vuelo de regreso duró aproximadamente ocho horas. Nos quedamos con el recuerdo del brazo roto de Kira y de la amiga que hicimos gracias a ese incidente. Por suerte, Kira nos informó más tarde que había sido atendida por un médico y que debía descansar unos meses hasta que su brazo se recuperara.
Kiara Campos - 2do A

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